miércoles 2 de julio de 2008





SU GRAN

PREOCUPACIÓN:



"Que a los niños y jóvenes pobres nunca les falten
paliativos para el dolor. "

Un mes antes de su partida, al ver que a la casa le traían un equipo de última generación generador de oxígeno, nos dijo:

A mí nunca me ha faltado nada. Todo lo que piden los médicos ustedes me lo consiguen en un dos por tres. Si yo con todo lo que me han hecho: cirugías, tratamientos, bloqueos, morfina, inyecciones y cuantos paliativos existen, tengo estos dolores insoportables ¿cómo sufrirán los pobres que no pueden hacer nada para quitar el dolor? Si ustedes quieren hacer algo por mí, les pido que se preocupen de ellos para que por lo menos uno de ellos no sufra tanto.

Magdalena sabía que partiría pronto, los ahogos eran cada vez más intensos y preocupantes y apenas podía tragar. Sólo tomaba Enssure y mucha agua además de todas las medicinas para el dolor, incluyendo los parches de morfina.

El mensaje era claro. Luego pudimos comprobarlo en uno de sus escritos. En una palabra nos pedía que aunque fuera con sacrificios, nos preocupáramos de los niños y jóvenes que sufrían de dolores.

Fue así como comenzamos, con la ayuda de otras personas, a socorrer a mamás que no pueden comprar medicinas para calmar el dolor a sus hijos.

Sin embargo, el gran mérito, no nos pertenece, pues fueron sus propias compañeras las encargadas de hacer más llevaderos los dolores de alguna persona.

Fue así como este año, se unieron sus ex compañeras del Colegio Apoquindo, también tres amigas más y tres amigos para juntar dinero con el fin de comprar un cojín antiescaras de origen inglés, y de altísimo costo, para regalarlo en su memoria a Pablita, una joven paralítica que está casi siempre en la puerta lateral de una iglesia del centro de Santiago, en su silla de ruedas, pidiendo limosna a los fieles que entran. Un día ella confesó que su gran dolor eran las escaras, debido a su posición siempre igual.

El sueño de Pablita era tener ese cojín, pues lo había visto en la Teletón.Por ahí alguien lo supo, lo comunicó a sus amigas, se pusieron en campaña y lograron comprar el tan ansiado e indispensable objeto que va a aliviarle en algo su dolor. Decidieron entregarlo antes del 4 de julio, pues ningún dolor puede esperar. Una vez más, las niñitas demostraron cuán valiosas y generosas son y con qué entusiasmo se unen en torno a una noble causa.

Sólo quienes conocen casos de personas que sufren de escaras, pueden dimensionar lo importante que es prevenirlas o curarlas porque cuando son muy profundas es imposible detenerlas. El Señor quiso que a tiempo se dieran cuenta de las penurias de Pablita. Ella les escribió una carta de agradecimiento que en cuanto la tengamos aquí la publicaremos.





SUS AMIGAS

Nosotros, los padres de Magdalena, no terminamos de dar las gracias a Dios por sus amigas. Todas son profesionales, algunas se han casado y han sido mamá. Otras están pololeando o de novia. Un curso, por cierto, selecto, humano, aterrizado,unido. Desde los 15 años acompañaron a la Maida en su enfermedad.

Para nosotros son las niñitas, siempre serán las niñitas que fueron capaces de darse en cuerpo y alma con tal de verla sonreír. Una vez más, nuestros agradecimientos no sólo a ellas sino a sus padres que jamás les impidieron, al contrario, las alentaban para acompañarla en sus peores momentos. No sólo eso, sino que se peleaban cuando estaban en el colegio y también después para acompañarla por las noches en la clínica en las tormentosas tandas de quimioterapias y así yo, la mamá, pudiera descansar luego de una jornada agotadora.

Además de los papás, una vez más queremos agradecer los principios que les inculcaron en el Colegio Apoquindo. Resulta verdaderamente admirable y no es frecuente, por cierto, que alumnas de tercero medio o cuarto medio, se queden a alojar en la clínica, en donde apenas dormían, pues los estragos de las quimios dejaban muy mal a Magdalena. Fueron en verdad sus enfermeras. Con qué cariño la atendían, con qué generosidad postergaban estudios y hasta se privaban de fiestas por acompañarla.

Después, se han mantenido muy fieles con nosotros. Constantemente llaman y muy seguido vienen a vernos; otras veces vienen con sus pololos o solas a comer. Y lo más simpático es que durante el verano algunas van los fines de semanas a la casa de Zapallar a acompañarnos como si estuviera la Magdalena. Nada de etiquetas, todo con una gran sencillez.

Niñitas, ustedes fueron un pilar fundamental para ella... Ahora, hacen más llevadero nuestro dolor. No saben cuánto nos alegramos tenerlas en nuestra casa, verlas reír, escuchar sus proyectos, sus éxitos, sus amores, sus sueños y en especial cuentos de nuestra hija, siempre divertidos, mágicos, únicos.












1 comentarios:

Soledad dijo...

Dos años, un laaaaaargo camino sin la Melen, mi amiga del alma, incansable, iluminada, lo más inteligente que me he topado sobre este mundo. Es difícil entender la presencia de ella después de la muerte, pero se siente, está ahí, al lado, tal como lo hizo siempre, con una capacidad de oír que se traduce en don. Sigue en mis sueños, en el último salía con un vestido rojo y pelo al viento, nos encontrábamos en el metro y yo le preguntaba que en qué estaba ahora y radiante me contestaba: “Sole, ahora soy una diva”. En realidad siempre lo fue.
Tios llegar a sus brazos es reconfortante, gracias por tener siempre su casa abierta para recibirnos a todas y a cada una, de manera tan especial antes y después. Lo necesito siempre.
Besos miles

Sole