OFRECIMIENTO POR SUS DOLORES
Maida en Tunquén
Magdalena y su sobrino Martín
"Nunca pensé que se podía llegar a sufrir tanto. Creía que con morfina se me calmaría el dolor y que dormiría tranquila. Pocas veces me sucedió eso.
Últimamente, independiente de los parches de morfina, del Tramal, del Profenid a la vena, estoy tomando más de 20 remedios por día. Sólo pienso en los niños que no pueden comprar sus medicinas y por ellos ofrezco mis dolores"
Magdalena, octubre 2005
Magdalena con Martín, su primer sobrino.

Magdalena con Jorge, su papá

LA FAMILIA
El viernes, 4 de julio, se cumplirán dos años de la partida de la Maida.
Han sucedido tantas cosas que es imposible condensarlas aquí. En la familia los sucesos más relevantes han sido el nacimiento de Diego, el segundo hijo de Jorge Andrés y de la Trini, quien espera otro hijo, que será también hombre, cuya fecha probable de parto será el 24 de octubre, el mismo día en que nació Magdalena. Martín , el mayor, quedó aceptado para el próximo año en el Colegio Verbo Divino. Jorge Andrés, economista de la UC, con un MBA, ha sido ascendido a gerente comercial de una empresa eléctrica de distribución.
Una de los logros que más nos ha emocionado ha sigo el cambio radical de nuestro hijo Raimundo. Él, minutos antes de que Magdalena muriera, se abrazó a ella hablándole al oído. Una vez fallecida, asido a su cuerpo, juró ante todos los presentes ser un hombre de bien y terminar su carrera.
Hoy, con orgullo decimos que ha cumplido a cabalidad su promesa. Acaba de recibirse de periodista, obteniendo una alta distinción. Desde hace un año y medio trabaja en una de las editoriales más conocidas y exitosas de Chile.
Por otra parte, Anita, también periodista, es coordinadora de comunicaciones de una facultad de una prestigiosa universidad. Sigue pololeando con Gonzalo.
LA PENA SERÁ DE POR VIDA
Pese a que sabemos de que ella goza de la vida eterna, pese a que estamos contentos porque se ha liberado por completo de sus intensos dolores y heridas; a pesar de nuestra gran fe, que se convirtió en certeza el día en que partió, la pena es grande y más se acentúa en estos días. Es imposible ocultarla, al menos entre nosotros dos, lo que nos hace bien pues nos une mucho más.
La sabiduría consiste en vivir con los pies en la tierra, la mirada hacia el cielo y saber llevar con alegría, señorío, valentía y fe esta pena que nos va a acompañar toda la vida terrenal.
Hay veces en que uno de los dos está más triste, con ansias casi incontenibles de verla, de sentirla, abrazarla... Cuando esto ocurre, siempre sucede que uno de los dos está mejor, pudiendo consolar al otro.
Lo más sano ha sido contarnos nuestras angustias , oírnos, compartir la pena y salir adelante.
Es que los recuerdos de Magdalena son demasiados: están grabados y vivos en el corazón de cada uno.
Yo, su mamá, la recuerdo a cada instante. Creo que no pasa media hora del día sin tenerla en mi mente. Todo lo que veo en la casa, tiene sabor a ella. Vivió 20 de sus 24 años aquí y aunque no rendimos culto a sus pertenencias ni tampoco está todo intacto, cada rincón me habla de ella.
Además, aunque nos mudáramos, sentiría lo mismo.
Puedo asegurar que pese a que está en el cielo gozando en plenitud, velando por nosotros y por todos los que quiso... es un misterio indescriptible lo que diré: la veo con los ojos y los oídos del alma.
Por mi parte, yo su papá, siento lo mismo que Ana María. No por eso dejo de sentir pena, unas veces muy intensas y otras más sosegadas. Reconozco que si no hubiese hablado el día de su partida de la antesala del cielo, no sé si habría podido seguir viviendo.
Dios fue muy grande con nosotros al hacernos participar de su Gloria , haciendo que Magdalena la describiera en forma tan detallada.
Maida en Tunquén
Magdalena y su sobrino Martín
"Nunca pensé que se podía llegar a sufrir tanto. Creía que con morfina se me calmaría el dolor y que dormiría tranquila. Pocas veces me sucedió eso.
Últimamente, independiente de los parches de morfina, del Tramal, del Profenid a la vena, estoy tomando más de 20 remedios por día. Sólo pienso en los niños que no pueden comprar sus medicinas y por ellos ofrezco mis dolores"
Magdalena, octubre 2005

Magdalena con Jorge, su papá

LA FAMILIA
El viernes, 4 de julio, se cumplirán dos años de la partida de la Maida.
Han sucedido tantas cosas que es imposible condensarlas aquí. En la familia los sucesos más relevantes han sido el nacimiento de Diego, el segundo hijo de Jorge Andrés y de la Trini, quien espera otro hijo, que será también hombre, cuya fecha probable de parto será el 24 de octubre, el mismo día en que nació Magdalena. Martín , el mayor, quedó aceptado para el próximo año en el Colegio Verbo Divino. Jorge Andrés, economista de la UC, con un MBA, ha sido ascendido a gerente comercial de una empresa eléctrica de distribución.
Una de los logros que más nos ha emocionado ha sigo el cambio radical de nuestro hijo Raimundo. Él, minutos antes de que Magdalena muriera, se abrazó a ella hablándole al oído. Una vez fallecida, asido a su cuerpo, juró ante todos los presentes ser un hombre de bien y terminar su carrera.
Hoy, con orgullo decimos que ha cumplido a cabalidad su promesa. Acaba de recibirse de periodista, obteniendo una alta distinción. Desde hace un año y medio trabaja en una de las editoriales más conocidas y exitosas de Chile.
Por otra parte, Anita, también periodista, es coordinadora de comunicaciones de una facultad de una prestigiosa universidad. Sigue pololeando con Gonzalo.
LA PENA SERÁ DE POR VIDA
Pese a que sabemos de que ella goza de la vida eterna, pese a que estamos contentos porque se ha liberado por completo de sus intensos dolores y heridas; a pesar de nuestra gran fe, que se convirtió en certeza el día en que partió, la pena es grande y más se acentúa en estos días. Es imposible ocultarla, al menos entre nosotros dos, lo que nos hace bien pues nos une mucho más.
La sabiduría consiste en vivir con los pies en la tierra, la mirada hacia el cielo y saber llevar con alegría, señorío, valentía y fe esta pena que nos va a acompañar toda la vida terrenal.
Hay veces en que uno de los dos está más triste, con ansias casi incontenibles de verla, de sentirla, abrazarla... Cuando esto ocurre, siempre sucede que uno de los dos está mejor, pudiendo consolar al otro.
Lo más sano ha sido contarnos nuestras angustias , oírnos, compartir la pena y salir adelante.
Es que los recuerdos de Magdalena son demasiados: están grabados y vivos en el corazón de cada uno.
Yo, su mamá, la recuerdo a cada instante. Creo que no pasa media hora del día sin tenerla en mi mente. Todo lo que veo en la casa, tiene sabor a ella. Vivió 20 de sus 24 años aquí y aunque no rendimos culto a sus pertenencias ni tampoco está todo intacto, cada rincón me habla de ella.
Además, aunque nos mudáramos, sentiría lo mismo.
Puedo asegurar que pese a que está en el cielo gozando en plenitud, velando por nosotros y por todos los que quiso... es un misterio indescriptible lo que diré: la veo con los ojos y los oídos del alma.
Por mi parte, yo su papá, siento lo mismo que Ana María. No por eso dejo de sentir pena, unas veces muy intensas y otras más sosegadas. Reconozco que si no hubiese hablado el día de su partida de la antesala del cielo, no sé si habría podido seguir viviendo.
Dios fue muy grande con nosotros al hacernos participar de su Gloria , haciendo que Magdalena la describiera en forma tan detallada.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada